Restaurante bar familiar de Luis Lugo

Alejandra Tejada

Restaurante bar familiar es un ejercicio poético-autobiográfico que está ahí para recordarnos el valor de la literatura: que es herramienta necesaria y útil para conocerse así mismo.

Todos los caminos conducen a Roma, o lo que es lo mismo, a la familia. Restaurante bar familiar (2019) es una colección de poemas escrita por Luis Lugo (Ciudad de México, 1985), coeditada por Tierra Adentro y el Fondo de Cultura Económica. Estudió el diplomado de Escritura Creativa en la Escuela de Escritores de la Sogem (2003-2006). En 2011 obtuvo el premio de poesía Punto de Partida 42 de la Universidad Nacional Autónoma de México por su poemario Invernadero (2011). Lugo recibió el apoyo del Programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, periodo 2010-2011 y 2013-2014, y el Programa de Becas y Formación para Jóvenes Escritores de la Fundación para las Letras Mexicanas, periodo 2011-2013. Recientemente, se le otorgó el Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2021 (obra inédita) por su obra Levadura silvestre.

Restaurante bar familiar, tiene 5 apartados: “Restaurante”, “Área de juegos para niños”, “Bar”, “Familiar” y “Familiares”. “Restaurante” está configurado desde la mirada de un mesero, a través de ella describe y critica la mala cara de un trabajo despersonalizante. Por ejemplo, en “Kentuchy Fried Chicken” en una suerte de pesadilla dice: “Trabajé bajo la mirada inquisidora del Coronel/Sanders,/limpié los baños más sucios/rescaté del suelo pedazos de pollo/que se reutilizaron./Incluso me encerraron en un enorme refrigerador.” (p. 13). Esta mirada se mueve de lo actual, de un mesero a la vez crítico y otras veces cínico, a los recuerdos de la infancia en donde su familia una vez se disolvió en un espacio público. Quizás porque la experiencia personal va dotando de valor a estos espacios es que existe “Área de juegos para niños”. Uno no ha sido siempre ha sido así, la infancia es una etapa formativa.

“desde que mi padre se fue de la casa/cada cumpleaños de mi mamá/suena el teléfono en su cuarto/un ser extraño está detrás del auricular/un ser que ha olvidado/el lenguaje para comunicarse”

En “E.T.”, en la parte V (E.T. PHONE HOME), cuenta que: “desde que mi padre se fue de la casa/cada cumpleaños de mi mamá/suena el teléfono en su cuarto/un ser extraño está detrás del auricular/un ser que ha olvidado/el lenguaje para comunicarse” (p. 41). Al regresar en el tiempo, es la mirada de un niño la que nos permite explorar las emociones del divorcio de sus padres, de la confusión que proviene de no saber qué está pasando con la familia que uno creía tener y, hasta la muerte de un abuelo. Puede que por eso sea tan desoladora, nombrar las cosas es también revelarlas. Los poemas son cortos -a veces de unas cuatro líneas- pero esa simpleza no omite lo complejo de las experiencias; en todo caso, su brevedad es la justa medida para que la imagen de su infancia tome forma.

“Bar” es el envés de la segunda parte, el yo poético se mueve como un péndulo y volvemos a la visión del mesero que vuelve a inspeccionar el espacio público para, aumentada su percepción por los efectos que la droga provoca en él, sondear el interior de un sujeto que bien podría ser toda una generación. En “Brian Eno”, parte 2, confiesa que: “No planeaba salir hasta que la droga se fuera de mi cuerpo o dejara de pensar en María. Puse algunos capítulos de los Looney Tunes. Fue un gran reto ver las caricaturas de la warner en sobriedad. Drogado, comprendes la locura de Bugs Bunny, la prisa del Correcaminos, y te entristece profundamente el discurso de Speedy González “(p. 58). Al final, Restaurante bar familiar es un ejercicio poético-autobiográfico que está ahí para recordarnos el valor de la literatura: que es herramienta necesaria y útil para conocerse así mismo.